Es inadmisible el intento de Villarino de ingresar a la Patagonia por decisión del Congreso Nacional

La acción de la dirigencia de Villarino, con la aparente conducción de su intendente Carlos Bevilacqua, pero con el real empuje de los factores de poder y los grupos de presión de Bahía Blanca, se integrar el partido a la región patagónica, no sólo es una grave trasgresión ética y un peligroso precedente, sino que amenaza convertirse en una estafa geopolítica.

No de otra manera puede calificarse el hecho que dejando de lado los requisitos provinciales de los partidos de Buenos Aires para lograr beneficios impositivos, la gente de Villarino se atreva a llevar directamente al Congreso de la Nación sus requerimientos para que los legisladores pudieran ignorar y violar un límite histórico, político y geográfico, como el que dispone el rio Colorado entre la región Patagónica y el resto del país.

Esto es así desde 1878, oportunidad de la promulgación de la ley 954, estableciendo el gobierno del Territorio Nacional de la Patagonia.

Más allá del cuestionable caso de La Pampa que logró ingresar poco más de cien años después a la Patagonia por decisión del expresidente Raúl Alfonsín; hubo allí intereses concretos cercanos a la Casa Rosada, especialmente de ganaderos invernadores de hacienda y la industria frigorífica.

LOS INTERESES Y OBJETIVOS DEL CENTRALISMO

Vale destacar que durante los gobiernos militares se pudo apreciar este manoseo antojadizo de las regiones, donde incorporaban o segregaban áreas geográficas según los intereses del capital concentrado y para favorecer los centros urbanos privilegiados del norte.

Algo de esto ocurrió en lo que el ex vicepresidente de la Nación, José María Guido, llamaba la región del Comahue. Al respecto el senador José Enrique Gadano, autor de la ley 16.882 que dispuso la creación de Chocón Cerros-Colorados reconoce que esa región, obviamente patagónica, estaba integrada por Rio Negro, Neuquén y el Partido de Patagones.

Esta ley que contemplaba normas para apuntalar el desarrollo regional y el suministro de energía barata, fue derogada por otra inspirada por el ex ministro Adalberto Krieger Vasena que incorporó a la región del Comahue, 14 partidos de Buenos Aires, la provincia de La Pampa, la ciudad de Bahía Blanca y línea de alta tensión para abastecer a Buenos Aires y el litoral.

BAHIA BLANCA, EL CENTRO INDISCUTIDO

Cualquier bonaerense medianamente advertido llega rápido a la conclusión cuando observa estos movimientos políticos, como los que ha puesto en marcha Villarino, que las directrices provienen de los niveles de poder de la ciudad puerto como el aprovechamiento de los recursos hídricos del Rio Negro, el objetivo mayor.

Y por supuesto se han subido a esa plataforma algunos intendentes como Bevilacqua, que al parecer no ha mensurado en su justa medida lo que significa forzar un límite geográfico que se viene respetando hace más de un siglo sirviendo a intereses que son más poderosos que los propios.

Mientras tanto Bahía Blanca se distancia cada vez más del sur bonaerense por su exagerada apetencia sobre los recursos hídricos, que son comunes, y de la propia Río Negro.

La norpatagonia aspira dejar de ser la mansa fogonera que aporta productos naturales para que se industrialicen fuera de sus límites y salgan por otros puertos. Lo mismo sucede con el gas y el petróleo que fluyen hacia las destilerías del polo petroquímico de Bahía Blanca.

¿Habrá que esperar ahora la instalación de una planta de licuefacción de nuestro gas en torno de aquellos muelles, o que el tren desde Bahía hasta Neuquén se utilice para transportar las arenas especiales para los pozos petroleros de Vaca Muerta? 

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