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La caída de Arturo Frondizi y el fin de un proyecto de desarrollo nacional

Hace unos días, mas precisamente el pasado 29 de marzo, se cumplieron 64 años de la caída del gobierno del ex presidente Arturo Frondizi.

En tal sentido rescatamos la publicación del periodista viedmense Omar Nelson Livigni que para esa fecha en el año 2023, publicó en la lamentablemente desaparecida Agencia de Noticias Patagonica (APP) de su propiedad, el siguiente relato de aquel histórico momento.

El 29 de marzo de 1962 sectores de las fuerzas armadas decidieron alterar el orden institucional y destituir al ex presidente Arturo Arturo Frondizi, después de innumerables planteos públicos contra su gobierno y alzamientos reiterados contra los mandos del ejército, la armada y la aeronáutica.

Mas allá de los aspectos críticos que pudieron haberse señalado, sobre el desempeño de aquella progresista administración, el motivo clave de aquel antagonismo irracional de los uniformados, ante la figura de Frondizi fue la ausencia total de comprensión del fenómeno peronista.

Considerando como principal esta realidad histórica, algunos sectores de las fuerzas armadas y no pocos dirigentes de grupos civiles, se alinearon en una posición beligerante contra el gobierno surgido de las elecciones de febrero de 1958, por haber recibido en su favor miles de votos ordenados por el exiliado líder Juan Domingo Perón.

Es que el triunfo en los comicios pulverizó el continuismo que pretendió imponer la denominada Revolución Libertadora y facilitó poco después el levantamiento de la proscripción al justicialismo y la devolución de una CTG única a los trabajadores.

De esa manera quedó trunco un moderno proyecto de desarrollo industrial y el cambio de estructuras para la integración geográfica por sobre el antiguo modelos del país agro-exportador, que todavía algunos recuerdan con nostalgia.

Fueron aquellos cuatro años de una muy intensa actividad oficial atacando con decisión y valentía distintos frentes de la realidad nacional retrasados o en el olvido, sin sectarismos o perjuicios ideológicos.

Esta ciclópea tarea era impulsada con mística especial, pese a los frecuentes planteos castrenses, con la presencia de tropas y armamentos en las calles de Buenos Aires, que se turnaban en aparecer como leales o rebeldes, según las circunstancias o los ocasionales alineamientos de sus jefes.

Idéntica actitud cumplieron medios de prensa, dirigentes radicales de la línea de Ricardo Balbín -el gran perdedor- grupos gremiales, una vez debilitados los acuerdos entre Frondizi y Perón, y representantes de empresarios anti industrialistas.

En aquel período fueron lanzadas ideas creativas, audaces, como la intrépida política de convocatoria de capitales que posibilitaron la instalación de la industria automotriz, el auto abastecimiento petrolero, y el apoyo de importantes obras para la generación de energía, la instalación de plantas petroquímicas y hornos siderúrgicos.

Y en general todas las industrias de base, decisiones que fueron consolidando una economía de pleno empleo y altos índices de crecimiento.

Un capítulo aparte merece el diagrama de una política exterior profesional, realista, e independiente, como sucedió con el frustrado esfuerzo de Frondizi para evitar el aislamiento de Cuba de la OEA, contra la oposición de los militares argentinos y del gobierno de los EE.UU.

Frondizi fue un verdadero estadista, de brillante inteligencia, y amplia cultura, refractario a la demagogia y las frivolidades.

Estas calidades fueron demostradas en distintos ámbitos de su accionar público, diferenciadas a la mayoría de los políticos de su época, especialmente cuando integró el bloque de “los 44“ diputados nacionales de la UCR y los debates con la oposición en los primeros años de la década del 50.

Y después, a través de su ímproba tarea desde la Casa Rosada, como gobernante, cuando supo despojarse con valentía de algunas de las recetas consagradas por el viejo radicalismo, que a partir de 1930 dejaron de responder los requerimientos de una Argentina distinta en consonancia con los cambios que se presentaban en el mundo.

Tal vez el caso más representativo de un dirigente de excepción que supo rectificar antiguas creencias y sus propias convicciones cuando revisó las afirmaciones vertidas en su libro ”Petróleo y Política”.

Al comprobar que YPF no estaba en condiciones por falta de recursos para afrontar “la batalla del petróleo” Frondizi sostuvo que “acudimos a la participación de las empresas multinacionales. Entre el prestigio intelectual del autor del libro, elegí defender los intereses del país”.

Vale destacar que ni el propio Perón logró que el congreso avalara contratos con la Standard Oil California, y recién Alfonsín siguió un camino parecido al de Frondizi, luego de un viaje a Houston convocando a las empresas multinacionales.

Después del epílogo de aquel traumático proceso de casi cuatro años, el presidente Frondizi acorralado por los militares debió ceder su cargo sin renunciar porque en las elecciones del 29 de marzo de 1962 resultaron triunfadores los peronistas en ocho provincias, entre ellas la de Buenos Aires.

Fue enviado prisionero a la isla Martín García y desde allí al hotel Tunquelén de Bariloche.

Su sucesor, resultó ser el rionegrino José María Guido, el presidente provisional del senado, quien con la ayuda del Dr. Julio Oyhanarte, juró como presidente ante la Suprema Corte de Justicia, evitando que hiciera lo propio el comandante en Jefe del Ejército , el ignoto General Poggi que llegó tarde a la Casa Rosada para colocarse la banca presidencial.

La asunción de Guido no evitó el retroceso político-institucional del país, pero sirvió para que convocara a elecciones y entregara el poder a Arturo Illia el 12 de otubre de 1963.

Frondizi encarnó una gran ilusión porque exhibió ideas y talentos para llevarlas a cabo y personalizó un proyecto de cambio en paz, con sus primeros resultados a la vista impulsados por equipos dirigenciales solventes y honestos.

Tuvo una vida íntegramente dedicada a la política sin haber especulado con los favores del poder.

Alguien dijo con acierto que “la dimensión de estadista de Arturo Frondizi surge hoy con tanta nitidez, que ni sus mas obsecados adversarios de entonces se atreven a rebatirla”.

También es cierto que esa figura para emular se multiplica hacia el infinito en este marco de profunda crisis dirigencial y sus instituciones por la que atraviesa la dolorida realidad de los argentinos. (APP)

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